Entre villancicos y polvorones hemos decidido intercalar una excursión-ascensión.Dominando las vegas del Guadiana y del Matachel encontramos el cerro de Alange. Arriba quedan las ruinas de su castilo del siglo XIII. Allá vamos.Una parada en mitad de la subida sirve para descansar y entretenerse mirando el valle. Tres generaciones indagando el más allá.Suerte que en nuestro grupo contábamos con un expedicionario dispuesto a abrirnos el camino. (¡Como un perdigón!).Hoy es el pantano de Alange; quién sabe qué océanos contemplarán las pupilas de estos bajitos.Y ya los tenemos en la cima. El castillo se rinde a los infantes.Orgullosos y tutelantes, padrino, padre y abuelo.¿Dónde habrá aprendido Fernando esa técnica de carrera, mitad despegue de avión?Bajamos; junto al río tienen preparado el almuerzo la madre y la abuela. Hoy tendremos a dos comensales con ganas de contar cómo les fue la mañana.
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